jueves, 18 de junio de 2009

Un laboratorio cósmico

A la espera de algo mejor, empiezo a escupir. Somos asquerosos. Hace años, miles de años que vivimos en este planeta y lo único que hemos logrado hacer es postergar nuestro auto aniquilamiento. Digo, si algún extraterrestre viera nuestra película, ¿qué diría? Yo creo que diría, sobre todo si es de la península ibérica, “-Pues, está muy bien que se hayan muerto. Se lo han buscao.” Si fuera argentino, “-Que boluuudos.”. Ahora, ¿existe alguien en este mundo que crea que la historia humana tiene algo de lógico? Y no me refiero a que hoy estamos como estamos por una serie de razones que todos ya sabemos, me refiero a que cómo es posible que la naturaleza que es taaaaaaaaaaan sabia, haya permitido nuestra estúpida existencia. Hagamos un pequeño listado. En la historia de la humanidad vemos:

Personas que torturan a otras personas,

Personas que le cortan el clítoris a niñas,

Personas que utilizan a otras para su propio bienestar,

Personas que mienten para salvarse de sus miedos, mismo que esa mentira destruya la vida de otros

Personas que apenas sobreviven

Personas que disfrutan violando

Personas que matan por un peso, o por una idea

Personas que niegan sus orígenes, sus padres y sus abuelos

Personas que dejan un hijo en un tacho de basura

Personas que usan el poder para someter a poblaciones enteras

Personas que huyen de sus responsabilidades

Personas que engañan y no se arrepienten

Personas que viven toda su vida en un sótano pensando que no son personas

Personas que mueren de gripe

Personas que mueren sin saber que la vida es una sola

Personas que eligen el suicidio

Personas que eligen olvidar

Personas que nunca amaron

Lo peor, es que esta gente, está viva! No es un cuento, pasa todos los días en todos los lugares, está pasando ahora! No quiero amargar, no busco sufrir, pero no puedo dejar de preguntarme quién carajo fue el pelotudo que inventó todo esto…y no creo en dios ni en la patria, pero llegado a este punto no hay filosofía que explique semejante derroche de energía! ¿O habrá alguien ensayando? Esa opción me gusta, nosotros somos los ratones de algún experimento cósmico. Eso suena lógico. Porque los experimentos pueden salir mal, en cambio uno mira la naturaleza, los animales (los verdaderos animales) y son perfectos, son hermosos, desde las estrellas hasta los granos de arena son la contradicción a lo que somos nosotros…eso también me gustó, pensar que de alguna manera nosotros no somos naturaleza…somos su polo opuesto. En este pensamiento tendrían validez esas historias que dicen que venimos de otro planeta, o de otros planetas, que el famoso eslabón perdido es un eslabón de un material desconocido, proveniente vaya a saber de donde, yo diría de un laboratorio intergaláctico. Lo más probable es que le dé demasiada importancia a este tema, si bien, que incoherencia sería para mí, darle poca importancia a mi propia existencia...a nuestra existencia como seres humanos. Enfin, seguro que es culpa de mis padres.

lunes, 23 de marzo de 2009

Superficie del mar

Hoy con tiempo por estar sin computadora, comienzo a navegar a través de mi mente, con un barco viejo pero muy útil llamado “Palabra”. No es original por cierto, lo conseguí usado y con siglos de uso, pero creo que todavía tiene para algunos años más. No sé si demasiados, presiento que como todo en esta vida, o todo lo que alcanzo a ver de esta vida, termina transformándose y en ese sentido, Palabra también se transformará. Bueno que digo, se está transformado, no estoy dando una revelación. Digo, por ejemplo, que cada vez hay más cosas que necesitan menos explicación, por lo tanto, menos necesidad de palabras. Si quiero contarle a alguien como se ve el Aconcagua, no hará falta que escriba un poema que intente resumir lo infinitesimal que resulta uno al lado de él, ni que trate de describir el vivo color de sus piedras al atardecer. Bastará con que entre al Google y ponga Aconcagua para que aparezca una foto que nunca podré sacar…puede que hasta se vea más hermoso de lo que lo vi. Así que bueno, viejo y usado, mi bote permite navegar, permite recorrer este mar incansable de los pensamientos que van y vienen, a veces tranquilos, a veces nerviosos, a veces placenteros y, como no podía dejar de ser, a veces, inaguantables. Siempre hay un punto del pensamiento del que no me gusta hablar, pero igualmente lo comento porque es raro. Es raro en su concepto y me siento raro cuando lo pienso. Y no se trata de un malestar cualquiera es una sensación que inevitablemente tengo que evadir porque no tiene explicación ni sentido. Se llama…chan…duda. La duda es el aire que divide a dos guerreros, es también la espada y el escudo. Es en definitiva, todo lo que los separa, hasta que uno cae abatido. Se terminó la duda. La duda es también el espacio, las estrellas y el infinito. Seguramente que si algún astrónomo leyera esto sabrá entender que peco de sencillez para contar lo que siento, pero el espacio, así como el Aconcagua, me despiertan muchas dudas, dudas de las puras. No es ni siquiera la pregunta “¿Para qué existo?” o “¿Hacia donde vamos?”. Es peor. Es “¿Qué carajo es esto?” “¿Es una joda o qué?”. Perplejidad. También es la duda interna, con los ojos cerrados, cuando luego de pensar algo por mucho tiempo, perdemos de golpe, el sentido del razonamiento. Y, luego, de haber debatido entre dos cuestiones aparentemente vitales, nos damos cuenta de que no importan. Y si eso no importa…nos preguntamos (si queremos)…¿qué es lo que importa? Y este es otro punto que me desvela y que me asusta de la duda, no saber lo que importa. Porque podemos sentirnos felices o estar amargados de tristeza. Pero eso es estar vivos. Tenemos sentimientos y sufrimos. Tenemos sentimientos y nos entusiasmamos. Pero cuando algo no nos importa, significa que no existe, como si estuviera muerto. Tanto ese algo para nosotros como nosotros para ese algo. Y eso es lo que me da miedo a veces. Talvez no es para tanto, talvez este sea uno de los principios de la depresión y no me refiero a mi depresión sino a la depresión. Pero bueno quería hablar sobre esta parte del pensamiento, en donde las olas, son enormes, pero transparentes.

lunes, 12 de enero de 2009

El que busca no encuentra

A veces la busco y no la encuentro. Camino, voy a para mi pieza, no sé a qué voy, vuelvo, me siento y vuelvo a tener la misma sensación de vacío que me hizo levantar minutos antes. Es como si no pudiera entender el pedido que le hace mi cuerpo a mi mente, o mi mente a mi cuerpo o ambos a ambos. No puedo entenderlo y entonces lo único que hago es esperar a que algún acontecimiento me distraiga de esa necesidad, de ese pedido que es ignorado. Son palabras de soledad, de cuestionamiento, de indecisión, de humanidad las que salen en este momento. Son palabras del neurótico, de aquel que no se define, que no sabe lo que es. De hecho no sé si soy o no soy. Y no es ninguna cuestión nueva esta, la de ser o no ser…No sé cuánto tiempo dura, pero mientras tanto jode, molesta a la noche, sobretodo. Molesta cuando estoy solo porque dura más y porque me da la sensación que me vuelvo loco. Loco de preguntas y de respuestas. De no saber nada, de querer gritar y llorar por no sé qué, pero evidentemente que yo no sepa no quiere decir que no hay algo. Lo que pasa es que a veces busco mi vida y no la encuentro.

lunes, 26 de mayo de 2008

Lechuga y Tomate

Sentado veo la vida pasar como en un autobús. Aunque además del autobús necesitamos rapidez mental para imaginar cómo pasa la vida mientras estamos sentados en él. Imaginarse como millones de posibilidades se abren si pensamos que cada uno de los seres que vemos tienen su propia vida, su propia historia, su camino. Que además, paradójicamente, a veces ese camino cruza el nuestro, a veces es uno paralelo, pero de eso se trata lo poco que tenemos en común. Se trata de que somos humanos. Con decir que somos humanos no estoy diciendo nada "bueno" o "positivo". Estoy diciendo solamente que somos de la misma especie. Ultimamente y talvez, desde siempre, nuestra especie se ha cansado de dejar en claro que no es muy humana que digamos. Y pese a quien le pese, somos todos responsables de esa contradicción, talvez también, la más grande de las contradicciones humanas.

Sentado como decía, veo pasar las cosas como si no fuera parte de ellas. Es que ese soy yo, si hay algo que me caracteriza es esa capacidad de alejarme y ver todo como si fuera un observador distante, uno de esos que Einsten habrá imaginado que estaba sentado en un fotón viajando a la velocidad de la luz. Tal vez, nuevamente, no tanto. Pero inevitablemente viajo, generalmente hacia arriba, y veo el hormiguero en el que vivimos, y suelo jugar con el futuro pensando a donde vamos. No creo que sea interesante la respuesta de ese juego y la verdad es que no tiene sólo una, pero muchos entenderán a qué me refiero con que ¨no creo que sea interesante la respuesta¨.

Sigo sentado, porque cuando me paro, ya no puedo tener la vista panorámica. El mundo, o la vida, o el Universo, para mí, comienza.

A este nivel de palabras, suele no haber mucho para decir. El infinito, el porqué de las cosas, la razón de la vida, en porqué del porqué del porqué suelen conducir al más profundo del silencio, el silencio de la ignorancia.

La verdad es que empecé a escribir por reírme de mi mismo, uno de los acontecimientos más saludables, mucho más que la lechuga y el tomate.

martes, 8 de abril de 2008

Muestra Grátis

Hace poco cumplí 30 años. Me pregunto si eso significa que estoy más viejo. Supongo que el solo hecho de preguntarme me coloca en desventaja. Pero digamos que soy más viejo “cronológicamente”. Puede sonar conformismo para algunos, pero para quien sabe que inevitablemente morirá un día, no es justamente el avance de la decrepitud, sino el aprovechamiento de los recursos, lo que me desvela. En ese desvelo, también surge la inquietante inquietud de la dicotomía o contradicción viejo – joven. ¿Seré aún joven para morir pero viejo para empezar a saltar en skate? Parece razonable. Y en esa trinchera caemos siempre en esta vida. De un lado están los que parece más amigables, pero no sabemos a ciencia cierta si eso garantizará una noche más de sueño. Así que vivimos con un ojo mirando a cada lado, pero no como vizcos sino con los ojos hacia fuera, incapaces de mirar centradamente y tomar decisiones 100% adecuadas. Somos errantes por principio y por principio no dejaremos de serlos aún con premio Nobel mediante. Doy ese ejemplo porque en el fondo, y cada vez más lejano en el fondo, siento que ganarse un premio de esos podría destacarnos de la multitud, en lo que también parece ser una característica nuestra por principio, la necesidad de destacarse. Tengo la esperanza de estar completamente equivocado y que digo esto porque es lo que me pasa personalmente y lo generalizo como buen egocéntrico y en ese caso, ya caeré en mi propia telaraña y lloraré lo que tenga que llorar. Pero talvez, para no ser tan general, haya un grupo (o grupete) de personas que piensan que destacarse en la humanidad es algo importante, algo que tienen que hacer. Y ese es otro punto muy interesante. Porque ya no se trataría de egocentrismo sino de ideología en la que el destaque tiene un profundo sentido de la vida, porque no es salir en la foto como el más alto de todos sino haber cumplido con el sueño de lograr un objetivo que inevitablemente atañe a todos y no puede pasar desapercibido, y, por lo tanto, termina siendo una especie de héroe. Pero todo esto ya pasó, digamos, es posible que todo sea posible, y lo que es más posible aún, es que yo esté equivocado.

En lo que no estoy equivocado es en que el país en el que vivo, la Argentina, es como una muestra grátis de nuestro planeta, como un barrio que lo resume. Talvez peco con esta afirmación porque la verdad es que no tenemos ejemplares de todas las culturas, no somos tan ricos, pero es útil la afirmación para construir una imagen de un país que increíblemente, está logrando “avanzar”. Y cada vez tengo más dudas sobre este avance, aunque no puedo negar que hemos estado, la mayoría de los vecinos de este barrio, bastante peor. Pero acá, como en Brasil, como en México y como en muchos países latinoamericanos, abunda la variedad. Y es tanta que pareciera que la palabra variedad no alcanza. Yo la mezclaría con diversidad, con heterogeneidad, con pluralidad y la resumiría en “una cosa de locos” para que algunos puedan entender de lo que estoy hablando. Hoy tenemos una presidente que carga un ropero cuyo costo, vestiría, no sé, voy a decir un número, 1000 personas decentemente. Es la misma que quiere pagar 2.500.000.000 de euros por un tren. También quiere legalizar las drogas ilegales para el consumo. Y talvez el aborto. Me parece increíble. Jamás me hubiera imaginado que una sólo persona sería capaz de sostener ideológicamente estas 4 cosas. Y diciendo esto no me queda otra opción que darme cuenta de la realidad. No hay “una política” de gobierno, no hay “un criterio”. Hay un gobierno tan heterogéneo como su propio pueblo. Es difícil pensar “seriamente” en el futuro con este panorama. Siempre lo pensé, pero escribirlo ayuda. A llorar talvez, pero siempre elegí saber. Así que prefiero llorar sabiendo, aunque la verdad es que salvo los cobardes por definición (no me refiero a nadie en particular), nadie se queda parado llorando. “¿qué hacer?” es una buena pregunta. Más que buena, automática. Pero bueno de eso se trata, preguntar y responder.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Un pedazo de la Argentina

Esto no me está gustando mucho. El tren bala, Moyano vicepresidente del PJ, Moreno, el INDEC, De Vido, remate de empresas nacionales, subsidios, prohibición a la exportación, 5 M en 4 años. Se está poniendo pesada la cosa ¿Será que volveremos a caer nuevamente en nuestra historia del contrabando, mafia y corrupción? ¿Será que no salimos? Con dolor en el alma tengo que decir que es lo más probable, creer que la idiosincrasia argentina cambió es una ilusión en la que caímos muchos y muchas veces, porque es parte de sus “cualidades” la de ir cruzando de una vereda a otra como un borracho que no puede mantenerse en una línea más o menos recta. Unos años de esperanza, otro tanto de angustia. ¿Estaremos condenados a vivir así? ¿O estaré gloriosamente equivocado? Estoy en eso, como se debe notar. Simplemente no sé si los argentinos pueden cambiar. Si las personas pueden cambiar, o, mejor dicho, mucho mejor dicho, si ese cambio está en mi tiempo. Que podemos cambiar los sabemos y lo hacemos. Algunos más, otros menos. Algunos más rápido, otros a paso lento. Pero eso es parte de la diversidad. Una cuestión importante en este tema es nuestra historia. Cuán pesado es el bagaje histórico que tenemos desde nuestra infancia como cultura, como país. Cuánto nos pesan los años sometidos a la estupidez española, de saqueo y conveniencia. Vomitándonos los valores que hoy todavía permanecen en nuestro barrio, en nuestros pueblos. Los valores que yo detesto, pero los entiendo. Es a ese rumbo, el de un túnel muy oscuro pero que todos sabemos como termina, al que le tengo miedo. Salimos de una crisis, como hemos salido de otras, y estamos mejor, como lo hemos estado. Parece que bajo esta lógica, no queda otra opción que la de volver a caer. ¿O habremos aprendido algo? Que vivir en un país más justo se puede y depende sólo de nosotros. Sobretodo de nosotros individualmente, porque ya sabemos que no podemos pedirle justicia a los poderes, a las instituciones, a los polos empresarios. Ya sabemos que eso es perder tiempo, generar rabia, impotencia. Dejemos de exigir de los demás y comencemos a exigirnos a nosotros, pero no como obligaciones que nos pesen cumplir, sino como la única forma sana y justa de vivir.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Bienvenido

Hola Germán. Bienvenido a las letras. Bienvenido a un lugar donde puedas rascarte y sacarte un poco las pulgas que molestan. Porque algunas está bien, pero se han excedido en número. En número y en especie. Cargo pulgas nuevas y viejas pero la verdad no me importa la edad. Lo que se hace pesado es la monotonía. Son pulgas y están siempre molestando. Molestan por que pican mi integridad, mi intelecto, mi alegría. Porque me recuerdan todo el tiempo que no estoy loco y que soy uno más. Porque me hacen sentir una porquería, un ser sucio. Me hacen sentir verguenza y a veces, seguidas veces, dolor. Porque también a veces me deprimo y quiero menterme en mi caracol almohada y dormir para olvidar de mis pulgas.

Pobres pulgas, no tienen nada que ver con mis pensamientos, con mi formación, con mí. Pero sirven para entender un poco lo que siento a veces, en este planeta tarado y en esta vida boba cuando pienso en la corrupción, en el engaño, en la violencia, en la soberbia, en el egoísmo, en la ambición, en la rabia...son todas pulgas cuando pienso demasiado. Y por más que a través del pensamiento logre sacarme algunas, siempre vuelven, porque existen.

Pero lo que queria decirte en esta bienvenida era que no te sientas solo. Todavia pueden llamarte la atención. Todavía pueden retarte y hacerte sentir un trapo. Todavía podés sentirte admirado de ser parte de tu especie. Lástima que te lo digo yo.

Germán